El sector de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) representa hoy el 2% del Producto bruto interno (PBI) argentino, y debería llegar al 4% para acercarse a países como Alemania y Gran Bretaña, señaló el analista de mercado Alejandro Prince.

“El sector TIC hoy en la Argentina representa el 2% del PBI, comparable con Colombia, Perú, y con Portugal, pero en Alemania y Gran Bretaña están en el 5 o 6%”, señaló Prince, para agregar que “nos falta pasar del 2% al 4%, pero no es mágico”.

Puntualmente, el año pasado el sector facturó $232.211 millones de los cuales 157.181 millones corresponden al sector de telecomunicaciones y 75.029 millones a tecnología, incluyendo hardware y software.

En el 2015 el total del sector fue de $187.620 millones con 124.836 millones correspondiente a telecomunicaciones, y 62.784 millones a las tecnológicas.

Prince analizó en el segundo Foro de Transformación Digital del Estado, organizado por la Cámara de empresas de Software y Servicios Informáticos, la evolución de la tecnología y su impacto en la economía.

Ubicó a la aparición de los móviles como la etapa 1.0, por la cual “todos tenemos en el bolsillo una computadora”, la explosión de datos móviles como el momento 2.0; una etapa 3.0 vinculada con la localización y asegura que ya estamos en la versión 4.0 a la que define como “inteligente y transformativa”:

En esta etapa, indicó que los objetivos son “resolver problemas con el know how, creación de valor y efectividad, porque tenemos la suficiente experiencia para hacer las cosas bien de entrada”.

Este “hacer bien” fue un mensaje directo a las empresas que incorporan tecnología y al sector público, en línea con el planteo que hizo el titular de la Cessi, Anibal Carmona, al señalar que “digitalizar y despapelizar no es transformación digital”.

“Cada innovación en las TICs acompañó cambios profundos en lo social, cultural y en lo económico”, afirmó Prince, para remarcar que en esta etapa la transformación es tan profunda que “la solución no es la tecnología, pero no hay solución sin tecnología”.

El fondo de la cuestión, que es global, está en la “transformación de las instituciones que hoy arrastran tres o cuatro siglos de existencia, frente a una sociedad que es cada vez más abierta, más diversa, más compleja, más conectada y que verifica cambios a una velocidad impresionante”.

Consultado sobre qué cambios se deberían generar, Prince señaló que “las normas morales, los valores religiosos-culturales, las leyes del derecho positivo y las instituciones tienen que adaptarse, sino se produce una fricción”.

Mencionó como ejemplo en el sector público la vigencia de los períodos de sesiones extraordinarias en el Parlamento Nacional, pensado para épocas en que los legisladores debían viajar horas para llegar al Congreso; o por ejemplo los colegios electorales para la elección de presidentes, que “en Argentina ya se eliminó pero no ocurrió lo mismo en Estados Unidos”.

Indicó que el sector privado no escapa a esta obligación de repensarse. Por ejemplo, las empresas bancarias que tienen compartimiento estancos dentro de la misma corporación que obligan al usuario a volver a notificar sus datos e incluso fotocopia de su DNI para sacar un crédito o un seguro, aún cuando sea un cliente de más de una década en la entidad.

Otro ejemplo de la “fricción” fue el caso del Banco Nación cuando quiso eliminar el envío de resúmenes en soporte papel a sus clientes, lo que generó la reacción del gremio que agrupa a los transportistas de este tipo de documentación.

Los nuevos modelos de negocios como Uber o Airbnb (en el mercado turístico) también son muestra de esa “fricción” entre las normas vigentes y las posibilidades que permite una aplicación.

philo
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