Frente al Centro Vasco de José C. Paz hay un árbol con historia: creció de un brote del que hace 80 años sobrevivió al cruento ataque franquista. 

María Angeles Oñederra, presidenta del Centro Vasco de José C. Paz, posa junto al árbol que trajo al Distrito desde España.

Guernica. País Vasco, 1937. La ciudad española sufría un bombardeo aéreo a cargo de las tropas franquistas con la consigna de “destruir todo”. El resultado de aquel ataque fue un pueblo devastado, con la mayoría de sus edificios derrumbados y casi 300 muertos. Sólo un viejo roble fue testigo de la embestida y logró permanecer en pie entre la destrucción de la guerra. Situado frente a la Casa de Juntas, el Árbol de Guernica se convirtió en un ícono histórico y pasó a integrar la bandera y el escudo de la ciudad.

A 10.300 kilómetros de distancia, en un rincón de José C. Paz, da sombra y oxígeno un árbol “hijo” de aquel símbolo de la libertad vasca. Lo trajo José Vicente Altube, fundador del Distrito, como una bellota desde el pueblo europeo. Y hoy, a 80 años del trágico bombardeo, todos cuentan la historia del árbol erigido en la vereda de la calle José C. Paz al 2000.

Está en la puerta del Centro Vasco “Toki Eder”, uno de los clubes tradicionales que reúnen a comunidades de inmigrantes al barrio. Alrededor del mundo existen “brotes descendientes” del roble de Guernica. En el barrio, María Angeles Oñederra –presidenta de la institución– se encarga desde hace más de 20 años de mantener vivas las tradiciones que aprendió de su familia y transmitirlas a nuevas generaciones de vecinos.

“Toki Eder, significa ‘lugar hermoso’ en un dialecto vasco. Somos el Centro del país que más vascos nativos tiene. Nuestro objetivo es difundir nuestra cultura y amalgamarla con la argentina”, cuenta quien relata a grandes y chicos la historia del roble que se erige a media cuadra de Gaspar Campos.

En el 2000, el pueblo de Oñate (de donde venía Vicente Altube) firmó un “hermanamiento” con José C. Paz, y comenzó a enviar ayuda económica y donaciones para innumerables acciones sociales, incluído el equipamiento del Centro Vasco. “Somos un nexo con ellos –cuenta María Angeles–. Donde vemos que se necesita ayuda, allí vamos. Gracias a donaciones de Oñate a una comunidad en Abra Pampa, Jujuy, les pudimos instalar molinos de agua para que se autoabastescan”, ejemplifica.

El domingo, Toki Eder festejó los 21 años de la inauguración de su establecimiento. Llegaron a José C. Paz cocineros desde España a preparar una paella gigante, a la que estuvieron invitados todos los vecinos de José C. Paz. “No tendremos autonomía, pero te aseguro que los vascos tenemos patria”, dice la presidenta del club. Entre jóvenes que aprenden coro, danzas típicas y talleres literarios para la comunidad vasco argentina, el gran legado en José C. Paz es símbolo de vida: un árbol que hizo historia.

Fuente: Diario Clarín

José C. Paz
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